ZAPATERA DE ‘ALTA COSTURA’

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Con sus propias manos, y las de su equipo de maestros artesanos de Medellín, Patricia Mejía lleva 22 años guarneciendo la historia del calzado de lujo en Colombia. 

Foto: Cortesía Patricia Mejía

Cervato, Binario y Todo Un Cuento fueron los tres capítulos que precedieron a la última aventura emprendida por Patricia Mejía, la paisa que en 2012 se amarró los zapatos para emprender su camino, bajo su nombre propio. Después de 15 años “trabajando bajo otras marcas, dijo: ‘ya es justo ponerles mi nombre a mis creaciones’”, cuenta Mariángel, su hija y mano derecha.

La de Patricia ha sido una reinvención constante, en la que el ingenio, la artesanía y la recursividad han sido protagonistas. Creció en una tradicional familia paisa, numerosa, en la que la madre no era solo madre, sino también chef, modista y todera. Con sus propias manos e ideas reformaba la ropa de los hermanos de Patricia, para no afectar el bolsillo y, al mismo tiempo, garantizar que todos estuvieran a la última moda. De allí viene la pasión de Mejía por la exploración de las posibilidades artesanales y de diferentes materiales, desde el cuero hasta la seda, pasando por el charol y la madera, para la elaboración de sus diseños que, por su exhaustiva atención al detalle, su altísimo grado de complejidad y la cantidad de horas de inagotable trabajo manual, son obras de alta costura, para pies. 

Fotos: Cortesía Patricia Mejía

En 1997, tras completar sus estudios de diseño en Medellín bajo la guía de maestros de la industria de la moda colombiana como John Miranda y Olga Piedrahíta, debutó en el mercado creativo. Entonces, en alianza con su socia y amiga Liliana Vélez y bajo el nombre Cervato, Patricia Mejía se erigió pionera en la experimentación de la zapatería tradicional con diseños fuera de lo común y un grado de detalle más que riguroso, a pesar de la explosión creativa que marcaba su hoja de ruta en el taller.

Posteriormente, hacia el 2009, del ciervo con la piel más apetecida por las realezas, Patricia pasó a establecer una nueva dupla creativa con Adriana Palacio. Binario fue el nuevo sello bajo el cual las dos reinventaron el apetito experimental, couturey de vanguardia, que Patricia venía alimentando desde el desarrollo de su tesis de grado en la que rescató, con su exquisito olfato creativo, las tradiciones tejidas por los artesanos de la Guajira y de Tuchín (Córdoba). 

De forma paralela y ya no con una, sino con dos talentosas antioqueñas más, las hermanas Lina y Ana Lucía Mejía, Patricia fundó Todo Un Cuento, otra oda al arte del calzado en donde la poesía, el romance y la magia esculpían, una a una, las piezas de cada zapato: desde el recubrimiento en goma de las suelas (tallado con frases, poemas, versos, etc.), hasta los cordones que en vez de plástico, incluían exquisitas borlas de piel para sellar los extremos.  

SUS MANOS, SU FIRMA

Desde enero de 2012, la antioqueña no solo le imprimió, a la piel, su estilo; también, su nombre y apellido, con el establecimiento de MP Patricia Mejía, su firma epónima que le sigue rindiendo tributo al arte peletero mediante sus emblemáticos stilettosy botines, cortados, cosidos y reinventados por las nuevas vanguardias, las hormas ergonómicas, las texturas, los pliegues, troqueles, detalles asimétricos y acabados de lujo realizados por la que, para ella, es “la mejor máquina del mundo; las manos”. De ahí que en sus talleres no exista un solo aparato de producción en serie. Los únicos motores que se encienden a diario son dos artesanos que la apoyan en la labor del corte “y un horno, para pegar”, asegura Mariángel. 

Así es la magia de una de las zapateras más fervorosas del oficio que solo elabora máximo 40 pares de un solo diseño, en un tiempo promedio de 15 a 30 días (en el caso de un calzado promedio; si hablamos de unas botas muy elaboradas, el tiempo de producción puede extenderse a más de 40 días) para garantizar la exclusividad de cada obra, así como el carácter de reinvención que le ha dado el prestigio a su firma. 

Foto: Cortesía Patricia Mejía
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