En modo slow fashion

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Es el momento de ser responsables y poner de moda el producto hecho con procesos lentos de elaboración y con consciencia social. La moda ética no se hace esperar y tiene que ser el nuevo furor.

Danielle Lafaurie

Hablar de moda lenta en este momento es la mejor manera de acelerar el futuro. Un futuro que llega rápido detonado por la crisis de la pandemia (para muchos una oportunidad) y que, aunque esto no es nada nuevo, sí vamos a oír hablar mucho más frecuentemente del término slow fashion. ¿Qué es la moda lenta? Aunque suene a obvio es lo contrario a la moda rápida (el conocido fast fashion) y tiene que ver con procesos, con consciencia, con moda ética y con una cantidad de elementos que hacen que podamos valorar mucho más un producto. De ahí su importancia en estos tiempos tan extraños.

Daila Filigrana

El slow fashion no es algo nuevo. De hecho, ya llevamos más de 10 años hablando del tema. La diferencia con lo que está ocurriendo hoy es que se despertó un peculiar interés por este movimiento que es mucho más que una simple tendencia. En la década de los 90 se popularizó el fast fashion bajo la premisa de que se estaba democratizando la moda. Eso, tal vez fue cierto porque mucha gente pudo acceder a las tendencias del momento gracias a los enormes conglomerados y cadenas de ropa que se dedicaron a producir en tiempo récord todo lo que se veía en pasarela y llevarlo al consumidor, incluso, mucho más rápido que el mercado de lujo.

Patricia Mejía

Todo bien hasta ahí porque es una manera de acceder mejor a la moda. Ya no se trataba de un mercado exclusivo que tenía la oportunidad de consumir tendencias solo porque tenían el poder adquisitivo para hacerlo, sino que se pudo tener prácticamente lo mismo que se veía en las marcas de prêt-à-porter en una versión menos costosa y mucho más asequible.

Nabril

Sin embargo, cuándo el fast fashion se popularizó nadie pensó en el daño que se le hacía no solo al planeta, sino también a la industria en general por su manera de asumir sus compromisos sociales y laborales. Para poder cumplir con la “promesa de democrartización” se recurrió a muchas prácticas que no estaban del todo bien en la balanza de la ética. Se abrió una cadena absurda de producción en serie y muchas de estas marcas ofrecían colecciones que prácticamente cambiaban en un día. Asumir esto implicó tener a la gente trabajando de una manera muy cruel  y en condiciones absurdas (hay fábricas en países de Oriente que tienen a sus trabajadores viviendo ahí mismo para que no tengan que salir a nada). Esto, sin contar la cantidad de ropa que se bota diariamente en todo el planeta porque en su mayoría es ropa desechable y con el comportamiento de consumo que esta moda democrática tiene de usar “lo último” en tendencias, que se volvió su mantra. Los seguidores del fast fashion se convirtieron en las nuevas víctimas de la moda, pero en este caso se trató de moda pronta que se cambia más rápido y se desecha frecuentemente.

Margarita Diaz del Castillo

No voy a ahondar en esto porque el tema da para mucho. Lo que quiero recalcar en este momento es que tenemos que cambiar la forma de consumir moda. Dicen que cuando salgamos de nuevo a la vida “normal”, esa “normalidad” no puede seguir siendo tan “normal” como antes. Que la pandemia sirva para crear un poco de consciencia y en este momento se torna fundamental comprar ropa y accesorios que estén hecho con procesos mucho más responsables y conscientes. Y al hablar de responsabilidad y consciencia estoy hablando de entender que es mejor tener un producto que esté elaborado con procesos más lentos, que tenga una vida útil mucho mayor y que sea hecho por gente que trabaja en condiciones buenas. Esto, sin hablar de regresar a lo básico, al producto hecho con las manos y a a la propia identidad. Por eso, regreso al inicio de este blog para decirles que es el momento de poner de moda el slow fashion porque es la única manera de sobrevivir conscientemente a una industria que amamos, pero con la que también tenemos que ser jueces, ser consciente de sus defectos y así lograr generar el cambio que necesitamos.

Isidora Malva
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